Una vez pasada la vorágine consumista de estas pasadas
fiestas, conviene pararnos a pensar. ¿Nos estamos pasando? Teniendo en cuenta
que millones de personas en el mundo pasan hambre, o simplemente mueren de
hambre, ¿cómo podemos justificar el derroche de gastos superfluos que nos
invaden cada año por estas fechas? He traducido un artículo de Jean-Michel
Dumay publicado en Le Monde de hoy que da cuenta de una iniciativa original:
'A principio del año 2006, un grupo de habitantes de la bahía
de San Francisco formularon el deseo particular de no comprar nada nuevo
durante todo un año. Vivir simplemente con lo que ya tiene uno en casa, con un
sistema de intercambio, comprando cosas de segunda mano o pidiendo prestado
algo a un vecino. Sólo algunas excepciones aceptadas: la comida, ropa interior,
productos de aseo, o sea artículos de “primera necesidad”. Una vez adquirido el
compromiso, doce meses después, la mayoría de los compromisarios han decidido
renovar el compromiso por un año, pero después de un día exento para poder
reponer lo más necesario para la casa.
Bautizado “The compact”, este grupo, que reune técnicos,
cuadros, maestros o estudiantes californianos explican el motivo de su promesa
por estar “hasta el moño”de una sociedad de consumo que, según ellos, destruye
el mundo en vez de reforzarlo. Esta iniciativa, muy local, empieza a
difundirse. Tres mil personas se han inscrito en su grupo de discusión en
Yahoo. Son muchos los que dicen haber redescubierto las virtudes de arreglar y recuperar las cosas. Otros comentan que
realmente no les hace tanta falta algunas cosas que pensaban indispensables.
El “consumo responsable” o el “consumir de otra manera” tiene cada vez más
adeptos e nuestras sociedades de la abundancia. En Internet, el sitio
“Freecycle”, un especie de eBay gratuito y ecológico, cuyo objetivo es
“aligerar los vertederos municipales y ralentizar el consumo galopante”,
impresiona por su crecimiento.
Iniciado en Tucson (Arizona) en el 2003, este movimiento comunitario tiene
ahora mismo 3 millones de asociados por todo el mundo, inscritos en 3.900
grupos locales de reciclaje (gratuito) de objetos de segunda mano, dies de
ellos en Francia (*). Una silla vieja, un piano, un stock de ladrillos que no
sabe que hacer con ellos; anunciándole en la web, posiblemente pueda
interesarle a alguien.
Ir hacia una vida donde prima el ser sobre el tener, lo duradero sobre lo
efímero, lo auténtico sobre lo virtual, lo fundamental sobre lo secundario;
volver a lo esencial – objeto del mensual “Psychologies” del mes de diciembre:
este es el mensaje que conllevan estas iniciativas. En Québec, podemos también
mencionar esta red que pretende volver a una “simplicidad voluntaria”, “una
manera de vivir que busca ser menos dependiente del dinero, de la velocidad y menos
consumidora de los recursos del planeta.”
(…) El sociólogo Zygmunt Bauman ha percibido también este cambio de
paradigma: “Mientras los filósofos, los poetas y los moralistas del pasado se
preguntaban si se trabajaba para vivir o si vivíamos para trabajar, el dilema
que preocupa nuestros contemporáneos se plantea a menudo así: ¿debemos consumir
para vivir o vivir para consumir?” Esto parece tan real que antes de comprar
uno desearía tener presente la fórmula de André Gide que deseaba que “¡lo
importante esté en nuestra mirada, y no en lo que se mira!”
(*) En España también existen 10 grupos “Freecycle”. Los más
cercanos están en:
Alhama de Murcia (http://groups.yahoo.com/group/FreecycleAlhamaMurcia/)
y
Torrevieja (http://groups.yahoo.com/group/freecycle_torrevieja/).
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